La tormenta refusila furiosa,
exactamente como vos querías,
Relámpagos y truenos incandescentes,
Cómo tanto disfrutabas ver.
Veo tu cara de placer como si fuera hoy,
Veo el mártir desvanecido,
Agobiado y destartalado.
Engañado el futuro procede,
Volteando enemigos a cada paso,
Cuál perro en medio del rebaño,
Los miedos y las vasijas están vacías,
Mismas metas pero sin tu amor.
La tormenta dejó el desorden,
Exactamente como querías vos,
Árboles y postes masacrados,
Cómo el último día de esa canción.
Todavía la tarareo
Todavía y no recuerdo la letra,
El contrabajo tapa al bandoneón.
La calma llegará, se siente amainar la racha,
Desorientados iremos por un tiempo
Reanimados por seguir de este lado,
Pero apenados por la situación.
Algunos clavos se desclavaron,
Esa cobija se descosió,
La paz y la mente ya son uno sólo,
Esperando el tren que nunca desapareció.
La tormenta sigue y siento tu mano,
Fresca y puntiaguda,
Cuál pinza de hielos colgando del balde,
Separando lo triste de lo insoportable.
Con que secaré tantas lágrimas?
Dónde meteré tal dolor?
Porque venís a mis sueños,
Todo el tiempo que querés,
Estás, te divertís, cantás.
Abrazo el holograma y desaparecés,
El himno argentino se me hace fugaz
Canto llorando esa que te gusta,
Que te gustaría,
Que te gustaba.
A veces siento que estás,
Y me convierto en tu sombra,
Voy contigo a donde vas,
Las manos las tengo tomadas,
No quiero nada más que abrazar.