Un susurro
donde gritan auxilio,
Abrazos largos
nos ponen cómodos,
Y escuchamos
los latidos bombeantes,
Que desparraman
escalofríos
Desde los
tobillos hasta la sien.
Cruzando lazos
e historias extravagantes,
Que tan solo
parecen un cuento,
Y simple pero
certero,
Las manos se
acarician llenas de humo,
El fuego del
corazón prevalece.
No hay antídoto
más genuino
Para tan
inmenso suplicio,
Que el brotar
emergente de la vida,
Llenando vacíos
con abrazos,
Llorando incontrolable,
Con muertes
mentales y escritos ilegibles,
De a poco
sanan, de a poco salvan.